Los conflictos armados, la covid-19 y el cambio climático hacen que el virus del hambre se multiplique a mayor velocidad que la pandemia.
Más de un año y medio después del comienzo de la pandemia, las muertes por hambre superan a las provocadas por el virus. Los conflictos armados, las alteraciones económicas provocadas por la pandemia y la creciente crisis climática han agravado la pobreza y la catastrófica situación de inseguridad alimentaria en las zonas con más hambre en el mundo, creando a su vez nuevos núcleos de hambre. (Nota informativa de https://www.oxfam.org/enOXFAM. 9 de julio de 2021)
«En Sudán del Sur, en mi parroquia, éramos pobres pero con dignidad. Teníamos nuestra casita, nuestros animalitos, nuestros vestidos, podíamos cultivar… Era un país que empezaba nuevamente, con sus escuelitas y sus capillitas. (Jesús Aranda, misionero comboniano)
Los conflictos siguen siendo la principal causa del hambre desde que empezó la pandemia, empujando a casi 100 millones de personas en 23 países asolados por conflictos a una situación de crisis alimentaria o peor. A pesar de los llamamientos para un alto el fuego mundial que permitiese centrar la atención en combatir la pandemia, la mayoría de los conflictos no ha cesado.
Ante la pandemia global sin precedentes de COVID-19, las Naciones Unidas hicieron un llamamiento para instar a un alto el fuego mundial en marzo de 2020. Sin embargo, la mayoría de los conflictos ha continuado, y son la principal causa de la situación de inseguridad alimentaria que sufren casi 100 millones de personas en 23 países, incluyendo los 22 millones de personas que pasaron a engrosar esta lista tan solo el año pasado. Actualmente, se ha alcanzado una cifra récord de 48 millones de personas desplazadas internamente en todo el mundo a consecuencia de los conflictos y la violencia.
Las mujeres y las niñas se ven desproporcionadamente afectadas por el hambre y los conflictos. Además de que suelen tener que enfrentarse a mayores peligros para conseguir alimentos, normalmente son quienes menos comen, y las últimas en hacerlo si queda algo. Asimismo, los conflictos y el desplazamiento de personas han obligado a las mujeres a abandonar sus ya precarios empleos o a no poder trabajar en las épocas de siembra. Además, se ven enfrentadas a dilemas imposibles, como por ejemplo elegir entre ir al mercado y arriesgarse en el camino a sufrir agresiones físicas o sexuales, o bien contemplar cómo sus familias pasan hambre.
Esta crisis de salud publica ha puesto de manifiesto la enorme desigualdad del mundo en que vivimos.
Las consecuencias económicas de la COVID-19, que han agravado la pobreza y puesto al descubierto la creciente desigualdad a nivel mundial, han sido el segundo factor causante de la crisis de inseguridad alimentaria mundial. Según las estimaciones, se prevé que el número de personas en situación de pobreza extrema llegue a los 745 millones a finales de 2021, lo cual supone un incremento de 100 millones de personas desde que comenzara la pandemia. Los colectivos excluidos, especialmente las mujeres, las personas desplazadas y las personas que trabajan en el sector informal, han sido los principales afectados. Cerca de 2700 millones de personas no ha recibido ningún tipo de ayuda pública para hacer frente al desastre económico producido por la COVID-19.
La desigualdad en la vacunación agrava el hambre
La desigualdad en la distribución y en el acceso a las vacunas de COVID-19 (provocada en gran medida por los monopolios de las empresas farmacéuticas y la inacción de los países ricos) ralentiza cualquier intento de recuperación económica, y dificulta que millones de personas de todo el mundo puedan escapar del hambre y la pobreza. La Cámara de Comercio Internacional estima que el actual nivel de desigualdad en la vacunación podría suponer un coste de 9,2 billones de dólares a nivel mundial en concepto de pérdidas económicas. Algunas de las nuevas zonas críticas del hambre, como India, podrían sufrir pérdidas de hasta 786 000 millones de dólares, lo cual equivale a más del 27 % de su PIB.
Los países ricos, como Estados Unidos, han conseguido reducir el hambre a medida que el ritmo de vacunación ha ido avanzando; mientras tanto, la pandemia sigue destrozando la vida y los medios de vida de millones de personas en los países pobres.
La crisis climática es el tercer gran factor que ha acelerado la grave situación de hambre en el mundo este año. Aproximadamente 400 catástrofes provocadas por fenómenos meteorológicos extremos, entre ellos tormentas e inundaciones históricas, han seguido intensificándose y afectando a millones de personas en Centroamérica, el Sudeste asiático y el Cuerno de África, donde las comunidades ya estaban profundamente afectadas por los efectos de los conflictos y de la pobreza generada por la COVID-19.
Las zonas críticas del hambre que se destacan en este informe son Afganistán, Yemen, las zonas sahelianas de África Occidental, Sudán del Sur y Venezuela. En estos lugares, la crisis alimentaria ya se estaba agravando, y la combinación entre las consecuencias económicas de la pandemia, los conflictos y la crisis climática ha llevado a más de 48 millones de personas a un nivel crítico de hambre en estos países
El año pasado, los daños provocados por fenómenos meteorológicos extremos agravados por el cambio climático alcanzaron la cifra récord de 50 000 millones de dólares, incluyendo 6000 millones de dólares tan solo en Honduras. Estas pérdidas son el principal factor que ha llevado a casi 16 millones de personas en 15 países a una situación de inseguridad alimentaria crítica. A pesar de ello, los Gobiernos han retrasado la adopción de medidas para luchar contra la crisis climática, centrándose principalmente en combatir la pandemia.
El calentamiento global está incrementando la frecuencia e intensidad de catástrofes meteorológicas como tormentas, inundaciones y sequías. Los últimos siete años han sido los mas cálidos desde que hay registros, especialmente 2020. Los desastres provocados por el cambio climático han ido aumentando cada año, y la frecuencia de este tipo de catástrofes se ha multiplicado por más de tres desde 1980; actualmente se registra un fenómeno meteorológico extremo por semana.
El 63 % de los impactos de estas crisis climáticas han afectado a la agricultura y la producción de alimentos; los países vulnerables y las comunidades en situación de pobreza, que apenas son responsables del cambio climático, son los principales afectados.
¡Súmate a la iniciativa de LWR para que los pozos de agua ayuden a las familias y a sus cosechas!
Fuentes: OXFAM, Mundo Negro.