EPISODIOS DE VIOLENCIA
Sudán del Sur tiene una población de poco más de 8 millones de habitantes. No es un número muy elevado pero sí muy diverso. Encontramos 597 grupos étnicos que hablan unas 400 lenguas y dialectos. Hay unos 200 grupos tribales que pertenecen a tres grandes grupos reunidos por sus características etnolingüísticas: los nilo-hamitas y los sudánicos (pertenecientes a la familia de lenguas nilo-saharianas).
No es fácil entenderse cuando esta enorme y rica diversidad es tensada por conflictos violentos continuos, hambrunas, catástrofes naturales y la reciente pandemia Covid-19.
Todas estas precariedades dan lugar a acontecimientos violentos como el sucedido el pasado mes de enero en el que jóvenes armados de la comunidad murle llevaron a cabo incursiones en dos aldeas de Baidit. Fueron asesinadas 32 personas de la comunidad dinka, incluidas tres mujeres que fueron heridas de bala y tres niños que fueron ahogados en un río mientras escapaban. El ataque también dejó a otras 26 personas heridas y los perpetradores prendieron fuego a cinco casas, mientras que también saquearon algunas propiedades.
Estos enfrentamientos suelen estar motivados por el robo de ganado y las disputas entre pastores y agricultores en las zonas mas fértiles del país, especialmente a causa del aumento de la desertificación y el desplazamiento de poblaciones por conflictos, inundaciones y hambre.
La escasez de lluvias por un lado y las graves inundaciones suman un problema más a las comunidades vulnerables que habitan en las zonas rurales. Las familias han perdido todo lo que tenían, incluidos sus animales, sus cultivos y los alimentos que almacenaban. Por esta razón, es extremadamente difícil que logren comer lo suficiente además de vivir con la incertidumbre sobre el futuro que genera día tras día una angustia que puede llegar a desarrollar violencia.
Esto ha sucedido una y otra vez: el hambre es la dura realidad que afrontan millones de sursudaneses. Sin asistencia, es evidente que la población podría verse en una situación aún más grave de la que ya soportan. Se trata de una verdadera crisis humanitaria que amenaza el futuro del país.
En un artículo del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR): Etienne Gaboreau escribe: la riqueza en Sudán del Sur se cuenta en ganado, no en dinero.
“En Sudán del Sur, no tener ganado prácticamente equivale a no ser un ser humano. Es como no ser del país”, dice Joseph Tongun Philimon, veterinario del CICR. El ganado saludable también contribuye a reducir las tensiones entre las tribus cuando, por ejemplo, una parte del ganado se enferma, pone en peligro la salud y bienestar de esa comunidad.”
La economía del país, como en muchos otros países en desarrollo, depende en gran medida de la agricultura. La pequeña agricultura representa el 80 por ciento de la producción de cereales del país que tiene una de las mayores poblaciones de pastores del mundo. Tanto el ganado como los cultivos necesitan de agua para beber y regar. La construcción de pozos representa una ayuda para que las pequeñas comunidades tengan la oportunidad de generar lo indispensable para su subsistencia, además de ayudar a evitar situaciones de conflicto originadas por la escasez de alimentos.
United Nations Mission in South Sudan: UNMISS hizo un comunicado del que destacamos las siguientes palabras:
”Deben llevarse a cabo todos los esfuerzos para restaurar la calma, abstenerse de incurrir en más violencia y promover la paz y la reconciliación», ha indicado, antes de alertar de que cualquier aumento de la violencia intercomunitaria «tendrá un efecto devastador en las comunidades que ya se han visto afectadas por las inundaciones, la pandemia de COVID-19 y los conflictos recurrentes».
Es importante ayudar a desarrollar una economía autosuficiente, que las pequeñas aldeas vean protegidos sus animales y sus cultivos con el fin de evitar los conflictos y las hambrunas.
A través de tus donativos LWR ayuda a la construcción de pozos que extraen el agua que se encuentra en el subsuelo para atender a las necesidades de los habitantes de Sudán del Sur. Agua de esperanza y de futuro en paz.
FUENTES: Cruz Roja, Naciones Unidas, France 24