Sudán del Sur ha sufrido ya la guerra, la sequía, las inundaciones y ahora el hambre.
La destrucción de las tierras de cultivo y el desplazamiento de cientos de miles de personas a causa de la guerra y de los desastres naturales ha llevado a una situación muy precaria en cuanto a la alimentación.
La guerra en Ucrania, queda lejos pero ahoga.
Para terminar de complicar las cosas, la guerra en Ucrania, ha hecho que la precariedad se vuelva escasez. La situación alimentaria Sudán del Sur y otros países pobres es mucho más grave porque la mayor parte de la población depende de las raciones de comida que provee el WFP (Programa Mundial de Alimentos).
El año pasado ya tuvieron que reducir las raciones a la mitad y este año ha ocurrido lo que todos temíamos. Se ha cancelado el envío de ayuda alimentaria por falta de fondos. El cereal y el combustible necesario para su transporte se han encarecido debido a la guerra en Ucrania.
Ya se están registrando las primeras muertes por hambre en el estado de Warrap, en la zona central del país. Un tercio de las personas en situación de necesidad alimentaria aguda se quedarán sin sus dosis de comida.
El enviado especial de la ONU para Sudán del Sur, Nicholas Haysom, explicó el jueves que «la dura realidad a la que hace frente mucha gente es que el cambio climático, sumado al conflicto y la inseguridad alimentaria, ha creado una crisis humanitaria de gigantescas proporciones» (2022 Europa Press).
Se acaba el tiempo para poder evitar el desastre
En unos meses caduca el periodo de gobierno provisional en Sudán el Sur, establecido tras los acuerdos de paz. Ahora toca convocar elecciones, pero todavía no tienen fecha en el calendario.
La comunidad internacional parece dispuesta a comprometerse en apoyar el proceso, pero las autoridades sur sudanesas no han iniciado los pasos previos, como redactar un borrador de constitución y convocar una Comisión Nacional Electoral.
¿Motivos para la esperanza?
Si, existe siempre esperanza. Las pequeñas comunidades que trabajan unidas en torno a los misioneros han logrado crear pequeños oasis con escuelas, hospitales y pequeños huertos para cultivar alimentos.
Esta fuerza transformadora es lenta, y se necesitan años de trabajo y de sembrar buena semilla que a veces es barrida por la violencia. Entonces toca volver a empezar.
Con nuestro proyecto para llevar pozos que permitan el acceso al agua, estamos favoreciendo la estabilidad que necesitan esas comunidades, para desarrollarse, crecer y dar fruto.
Ahora más que nunca es urgente toda la ayuda que podamos dar.
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