TRANSFORMANDO LA REALIDAD POR AMOR

Después de los duros y largos años de guerra, la iglesia sur sudanesa ha hecho un fuerte trabajo de evangelización, de formación humana a través de escuelas y atención a los enfermos, a los que han sufrido la guerra, el hambre, promoviendo proyectos de autonomía para esta área.

Una nueva etapa

Monseñor Christian Carlassare es el nuevo obispo de la diócesis y el obispo más joven del mundo, que recientemente sufrió un ataque y recibió un disparo en la pierna. Está ya recuperado y junto con sus hermanos misioneros combonianos está decidido a continuar el trabajo misionero ayudando a las personas.

“Esta es nuestra gente de Rumbek y este pueblo se llama Casa de la Esperanza, porque las hermanas de la caridad ayudan a todas las personas abandonadas para darles nueva esperanza. Aquí reciben cuidados y una nueva oportunidad para comenzar una vida cuando son abandonados por su familia o encontrados en la calle”.

“Los niños que han sido abandonados sufren enfermedades y pobreza. De aquí saldrán para integrarse en la sociedad de un modo nuevo, con esperanza. Esta esperanza vence al sufrimiento y la guerra que están presentes en este país”.

Imagen: FAO

Empezar de cero

Después de la guerra, las comunidades religiosas llegaron para ayudar en lo que fuera posible, y realizaron un análisis para determinar lo más urgente, porque no había nada.

Así llegaron los hermanos de La Salle, a construir escuelas para que las nuevas generaciones tengan educación de calidad y se conviertan en los futuros líderes de este país.

Nolasco Joseph Mush (misionero espiritano) cuenta que llegaron a la parroquia de la Santa Cruz, en 2018 y se establecieron en una zona muy pobre para atender a las familias que había allí y crearon una escuela.

Otro misionero jesuita enseña a sembrar vegetales para alimentar a la gente, para que los puedan vender y para que sirvan de alimento a sus cabras y ovejas, ya que allí las que cuidan de las cabras son las mujeres.

Noleen Longran, enfermera irlandesa, atiende, junto con otros voluntarios a los leprosos porque estos no tienen forma de buscarse la vida, no pueden sembrar ni trabajar la tierra.

En Tonj, un salesiano llamado James Pulicka cuenta cómo empezó este poblado. Durante la guerra el obispo Mazzolari hizo construir cabañas para acoger a 60 familias que llegaron a ese lugar desplazadas por el conflicto. Ahora tienen también un hospital a cargo de las hermanas misioneras de María.

Los salesianos también montaron un colegio en la misión de Tonj, que atiende a 1200 niños, desde guardería hasta primaria y la mayoría vienen de poblados del interior donde no hay escuelas y nadie se ocupa de ellos.

Imagen: SEI

Durante los años de guerra no se pudo seguir con la formación pero ahora, varios misioneros de Fidei Donum llevan otro colegio, donde dan de comer a los niños y gestionan becas para que puedan ir a la escuela allí y luego continuar su formación en el exterior, además de atender a personas enfermas.

En el hospital, las hermanas misioneras combonianas se encargan de  recibir y atender a los enfermos.

En otro centro, un sacerdote jesuita enseña en la escuela y se encarga de formar a 73 profesores jóvenes, que se reúnen los sábados por la mañana para prepararse.

Esperanza para todos

Tessfaye Tadese, otro misionero comboniano dice: “Sudan del Sur es el lugar de nuestro apostolado, desde el tiempo de Daniel Comboni. Acompañamos al pueblo de Dios en sus alegrías y sufrimientos, a la comunidad humana que está esperando la buena noticia y la consolación de Dios porque están afrontando muchas dificultades”.

Estos hombres y mujeres van de un sitio a otro llevando esperanza y la paz de Jesús.

En Sudán del Sur hay personas que han decidido entregar su vida para ayudar a otros y acompañarles en sus alegrías y sufrimientos. Es la iglesia misionera, que está presente en los lugares más olvidados y alejados. Es un motivo de esperanza para todos y una llamada a ser parte de la misión desde nuestras posibilidades.

Vídeo de Luci nel Mondo.

Imagen de cabecera: Vatican News

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